Política y democracia en la facultad
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Como cualquier lugar de gestión pública, la facultad es un ámbito de fuerte discusión y accionar político, de la misma forma que la universidad. Esto fue siempre así a pesar de las críticas de diversos gobiernos que recibió en el pasado por estar “muy politizada” y las numerosas intervenciones que sufrió la UBA para revertir esa situación.
El accionar político de estudiantes docentes y graduados fue el motor de los progresos a lo largo de la historia de la universidad y, particularmente, de la facultad. Sin embargo, la palabra “política” así como toda actividad relacionada tienen un descrédito social fuerte hoy en día. Generalmente asociado a “corrupción” o “robo” e “intereses personales”, el quehacer político esta mas asociado al delito, en el imaginario colectivo, que a la idea de gestión de los bienes públicos. Esto no es raro, muchos han hecho mérito para ganarse estos calificativos. Pero en el desprecio por esas prácticas la mayoría de las personas se alejaron de la política culpando a sus representantes y generando una desconexión con partidos, agrupaciones, etc, cuyas bases se vieron reducidas. El triunfo cultural del individualismo neoliberal se puede ver hoy en la actividad (o inactividad) política a todos los niveles, tanto nacional como en la facultad.
La cultura individualista genera un fuerte descompromiso, dejando la gestión pública a cargo de un conjunto reducido de personas a las que, desde el desinterés general, no se las controla ni se les exige nada (o se lo hace desde una simple queja, desde el desconocimiento absoluto). El ámbito producido es propicio para el desarrollo de los intereses individuales que tanto se critica y se aleja bastante de la idea de la democracia que se suele tener por ideal, mas allá de lo limpias que puedan ser las votaciones.
La democracia es una construcción colectiva que requiere de la participación constante de los integrantes de toda la comunidad, no solo votando responsablemente sino también participando de las discusiones y debates que atañen a la actividad de la institución en cuestión, sea el estado nacional o la facultad de ciencias exactas, exponiendo posiciones, analizando críticamente las situaciones y construyendo desde el consenso soluciones a los problemas, que deberán ser ejecutadas por las autoridades correspondientes al llegar a un acuerdo. Esta forma de hacer política, basada en el diálogo y el consenso, no es la que prima ni en la facultad ni en la sociedad en general, lamentablemente. Pero el caso de la facultad es mucho mas crítico, dado que las universidades deberían ser el lugar de diálogo y consenso por antonomasia.
Por el contrario, la facultad (y con esto no me refiero a sus autoridades solamente) usa las mismas reglas de juego de la actividad política a nivel nacional. Constantemente se contraponen posiciones extremas y absolutistas donde están “los buenos”, que quieren lo mejor para el mundo, y “los malos” que son todos aquellos que se oponen a “los buenos” o simplemente no aceptan la totalidad de las propuestas que estos hacen. El ejemplo mas claro de la actualidad es la disputa entre el gobierno nacional y el campo, donde cada uno sostiene que esta luchando por el país, la verdad y la justicia, y los que les discuten el mas mínimo detalle de su propuesta pasan a ser opositores y a estar con el otro bando. Así, los que no estén de acuerdo con algunas propuestas del campo ni con otras del gobierno pasan a ser irremediablemente enemigos de ambos, por no estar alineados con alguno de los dos únicos extremos aceptables. En esa dinámica, partidos políticos suelen tomar posición por uno o por otro, a veces simplemente por el hecho de cumplir su función de “opositores” u “oficialistas”, sin mediar el mas mínimo análisis crítico de lo que se esta apoyando ni porque. O donde lo único analizado es el cálculo de conveniencias políticas en el marco de una estrategia para afiansar o mejorar una posición de poder.
De forma similar, el gobierno de la facultad esta avalado por un conjunto de agrupaciones de docentes, graduados y alumnos que la apoyan incondicionalmente. En el polo opuesto, otro conjunto de agrupaciones, entre las que esta la conducción actual del centro de estudiantes, con un conjunto de propuestas diferentes. Ambos grupos se oponen sistemáticamente a las propuestas del otro, aunque muchas veces no son contrarias a los principios que dicen defender. En 4 años y medio de cursada que llevo no he visto una sola vez un debate o charla organizada en donde expongan su posición “oficialistas” y “opositores” y se permita la discusión abierta y crítica. Todas las exposiciones son unilaterales, por lo que pasan a ser mas un bajada de linea que un construcción horizontal. Las discusiones reales entre las posturas contrapuestas se dan a puertas cerradas y quedan relegadas a aquellos que se encuentran muy vinculados a la militancia. Luego cada uno expone su versión de los hechos y lo que le queda al resto de la comunidad universitaria es posicionarse de un lado o de otro. A la vez, si uno se acerca a preguntar por tal o cual propuesta no es raro encontrarse con frases descalificatorias al otro bando, que realizó la propuesta, evitando entrar en análisis mas profundos. En el medio, todos aquellos que no pertenecen a ninguna de las posiciones extremas no encuentran lugar para participar del debate y sus voces se pierden en el bullicio de la discusión entre gigantes.
Probablemente, muchas de estas actitudes son adoptadas inconscientemente, encerrados en la lógica de un activismo polarizado y llevando las banderas del bando que sienten por propio. Mas allá de aquellas ocasiones en donde el diálogo no se abre para evitar que se conozcan ciertas cosas, es probable que en su actividad política normal no sean consientes de cuan cerrados están a la crítica y a la construcción colectiva. Y por supuesto, ante el desinterés general, amparado por el “son todos lo mismo”, nadie les exige apertura, racionalidad ni siquiera información, ya que suele bastar con algún dato recortado de la realidad para formar un juicio al respecto. Hay una corresponsabilidad entre representados y representantes en la producción de esta democracia defectuosa.
Esto no es un problema de la facultad solamente, sino un problema social y cultural. Pero la universidad pública, como una importante fuente intelectual del país, debería poder ser algo mejor que una mera reproducción del sistema. Si no se piensa el país, y en particular, la democracia desde acá adentro no se puede esperar que de afuera caigan soluciones. Y la mejor forma de proponer es, sin duda, desde el ejemplo, construyendo una forma de democracia basada en el discusión de ideas, en el consenso, en la participación colectiva. Esto requiere sacrificios de todas las partes y compromiso con la causa del mejoramiento de las instituciones. La apertura generará un espacio de participación que incluirá a muchas de las personas que ahora se sienten relegadas, dando lugar al surgimiento de nuevas propuestas legitimadas por una base mas amplia, reforzando la democracia y permitiendo que se recupere en parte la confianza en la actividad política, que esta tan desprestigiada.
Esto no es un problema de la facultad solamente, sino un problema social y cultural. La universidad, al ser parte de la sociedad, reproduce el sistema y a la vez contribuye a darle forma. Tenemos que asumir nuestra responsabilidad en la construcción de una sociedad mas democrática desde el lugar que ocupamos. Siendo la universidad, o al menos pretendiendo ser, el lugar donde imperan la razón y las ideas, es sin duda también el lugar adecuado para repensar las bases institucionales de nuestra nación, contemplando las construcciones de poder que establecen y que dependen directamente de la forma de hacer democracia para su legitimación.
Un trabajo intelectual y político de tal magnitud requiere sacrificios de todas las partes involucradas, relegando algunos intereses particulares al objetivo mayor de la construcción de una democracia mas sólida y representativa. La apertura generará un espacio de participación que incluirá a muchas de las personas que ahora se sienten relegadas, dando lugar al surgimiento de nuevas propuestas legitimadas por una base mas amplia, reforzando la representatividad y permitiendo que se recupere en parte la confianza en la actividad política, que esta tan desprestigiada.
No se pretende con esto eliminar las contradicciones ideológicas de base que hay entre muchos de los diferentes actores políticos, que serán siempre causantes de enfrentamientos y disputas, sino crear un marco en el que no quepan discusiones estériles que, con una fachada de discusión intelectual, son, en última instancia, peleas de posiciones de poder. De esta forma, el accionar político estará dirigido a establecer un modelo de país o de facultad, antes de decidir quien lo presida, quedando los representantes electos sujetos a dicho modelo, construido colectivamente, y restringiendo su marco de poder a la ejecución de un plan que siga sus lineamientos. No será raro entonces que la actividad política vuelva a tener el halo idealista que la acompañó durante gran parte del siglo XX, en el que las personas se sentían comprometidas con un objetivo que supera la importancia de los partidos y los representantes, y volcándose de lleno a la construcción de una nueva realidad con la convicción y esperanza.
(aun no me convence en remate)
aprox 1350 palabras
pongo en negrita cosas que voy cambiando para reconocerlas. No encontre forma de ponerlas en otro color
